Son niñas y niños

El día 17 de julio La Voz de Galicia llamaba a la Igaxes para entender que pensamos desde la entidad sobre lo “reparto” de migrantes. La voz de Carlos Rosón, expresa claramente el sentir de la entidad.

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Tras conocer los datos sobre la llegada de personas migrantes desde Canarias a Galicia, es inevitable preguntarse: ¿Cómo se está hablando de ello? ¿Qué hay detrás del uso de ciertos números y palabras? ¿Hay discursos de odio encubiertos?

Hace apenas un año, Galicia “acogía” a 2.800 personas refugiadas procedentes de Ucrania. Hoy, hablamos de migrantes africanos. Vale la pena analizar cómo se trató un acogimiento y cómo se trata el otro: en los colegios, en los centros de atención, en la calle. Las diferencias son evidentes. En una tierra de emigrantes como la nuestra, resulta impensable no defender el derecho a ser acogido. Galicia está hecha de personas que huyeron de la pobreza, que buscaron fuera lo que aquí no se les ofrecía. Por eso, acoger no debería ser una reacción puntual. Debería ser un compromiso planificado: a corto, medio y largo plazo.

La integración no ocurre sola. Requiere recursos y voluntad. Es imprescindible pensar en una acogida efectiva y responsable: con apoyo para el aprendizaje del idioma, adaptación cultural, vivienda digna (tema que daría para otro artículo) y acceso a oportunidades reales. No se trata de rechazar la acogida, sino de exigir las condiciones para que funcione. Galicia necesita una renovación generacional. Necesita frenar la despoblación, especialmente en el rural. Necesita profesionales en sectores donde ya cuesta encontrar personal. La acogida también es una oportunidad de futuro para nuestro país.

La falta de un plan

 

Quienes trabajamos con juventud migrante en Galicia sabemos algo claro: son personas resilientes, trabajadoras, con una enorme capacidad de adaptación. Pero, como cualquiera, necesitan apoyo, formación y oportunidades. La integración no es un reto individual: es una tarea colectiva. No podemos permitir guetos ni exclusiones. Lamentablemente, el debate sobre la migración está lleno de ruido. Críticas vacías que olvidan que detrás de cada cifra hay vidas, historias, esperanzas, miedos. Y muchas luchas individuales. No podemos dejar que los discursos de odio, tan sutiles como dañinos, nos arrebaten la posibilidad de construir una sociedad más justa.

En las últimas semanas, escuchamos sin parar el término MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados). Pero lo que deberíamos decir, sin rodeos, es que son niñas y niños. Personas. Nada más, y nada menos. Llamarlos por sus siglas los deshumaniza, los aleja, los convierte en problema. Como si llamarlos por lo que son tuviera un color determinado.

Tras años de trabajo con infancia en el sistema de protección gallego, muchas veces sin apoyo suficiente, lo sabemos bien: todas y todos tienen derechos, sueños, esperanzas. Y merecen tener un futuro.Cada miembro de esta sociedad debe ser garante de que ningún niño, ninguna niña, ninguna persona joven quede atrás. Sus derechos deben estar protegidos. Siempre. Proteger a la infancia y la juventud no es una opción. Es una responsabilidad de todas y todos.

Tras años de trabajo con niñas y niños de todo tipo —muchos de ellos dentro del Sistema de Protección de Menores de Galicia y, en muchos casos, sin acompañamiento—, tenemos algo claro: todas y todos tienen derechos, sueños, esperanzas. Y merecen tener un futuro. Cada miembro de la sociedad deberíamos ser garantia de que ningún niño, niña o joven quede atrás. Ninguna de ellas debería ver  sus derechos vulnerados.

Blindar a infancia y la juventud no es una opción. Es una responsabilidad colectiva.

Carlos Rosón

Director de IGAXES

La Voz de Galicia

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