Cómo identificar un discurso de odio

Nos últimos anos, os discursos de odio dirixidos á infancia e as mozas e mozos tutelados medraron de forma alarmante. Moitas veces, estes discursos non se presentan de maneira explícita, senón que se agochan tras titulares sensacionalistas, comentarios aparentemente inofensivos ou memes que se viralizan en redes sociais. Por iso, aprender a cómo identificalos é o primeiro paso para combatelos.

Los menores tutelados en los medios de comunicación

Cuando el odio se disfraza de opinión

No todo comentario crítico es un discurso de odio, pero cuando ese comentario incita al rechazo, la exclusión o la discriminación de un colectivo vulnerable, debemos hacer sonar todas las alarmas. Y más aún si ese colectivo no tiene los medios ni la fuerza para responder. Esto ocurre muchas veces con las chicas y chicos extutelados. Son deshumanizados y señalados sin matices, dentro de estereotipos e ideas preconcebidas como “delincuentes” o “una carga para el sistema”.

Hemos sido testigos de ejemplos claros con titulares en los medios que no solo centran la atención en la condición de tutela, sino que insinúan que ese hecho violento está relacionado con ella. No se dice “un adolescente” o “un joven”, sino “menor tutelado”, construyendo así un relato que criminaliza su situación de protección. Si esa chica o chico es una persona racializada, el lenguaje agresivo y explícito aumenta, y se les vincula directamente con la inseguridad ciudadana.

A realidade dos menores tutelados

Las formas que adoptan los discursos de odio

El odio no siempre grita; muchas veces susurra o se lee entre líneas muy sutiles, utilizando recursos como:

 

  • Generalizaciones: “Todos los menores tutelados son…”
  • Asociaciones: Vincular sistemáticamente a un colectivo con hechos negativos, como la violencia o la delincuencia.
  • Ridiculización o humillación: A través de bromas, memes o comentarios en redes que restan valor a sus vivencias.
  • Deshumanización: Hablar de ellos como números, problemas o “expedientes”, sin ponerles nombre.

 

Todo esto construye una narrativa que genera miedo y rechazo. Y ese miedo, como bien sabemos, tiende a propagarse.

 

Un efecto llamada

Los titulares que estigmatizan no se quedan en los periódicos. Saltan a las redes, a las conversaciones, a los comentarios y, lo que es más grave, a las políticas públicas. Alimentan el miedo, refuerzan los prejuicios y legitiman actitudes y decisiones que perjudican la integración de estas chicas y chicos. Su realidad, ya de por sí marcada por obstáculos, se vuelve aún más dura.

Muchas veces no se les alquila una vivienda, o no se les ofrece una oportunidad laboral. El estigma se convierte en una barrera más, sumada a la falta de recursos, de una red de apoyo o a su edad.

Cómo reconocerlo y actuar

Puedes identificar un discurso de odio si:

 

  • Desvaloriza o criminaliza a un colectivo vulnerable.
  • Utiliza etiquetas reduccionistas (“mena”, “problemático”, “delincuente”) para definir a personas.
  • Apela al miedo o a la alarma social sin una base rigurosa.
  • No contextualiza ni ofrece datos objetivos.
  • Culpa a un colectivo de los problemas de la sociedad.

 

Frente a esto, la responsabilidad es compartida: medios de comunicación, administraciones, entidades sociales y ciudadanía. Todos tenemos el deber de denunciar, de no compartir contenido falso o sensacionalista y de fomentar un discurso alternativo basado en el respeto, la verdad y la humanidad.

comentarios en las redes

Nuestro compromiso: contar la verdad

En Igaxes trabajamos cada día con estas chicas y chicos. Conocemos sus nombres, sus esfuerzos y sus historias. Sabemos que hay mucho más detrás de cada uno de ellos que lo que muestran algunos medios. Son la juventud que estudia y trabaja, la que tiene que independizarse diez años antes que la media, y son, en muchos casos todavía, niñas y niños que, a pesar de todo, siguen adelante.

Necesitamos más apoyo, más políticas públicas que garanticen el acceso a la vivienda, a la educación y a la salud mental. Pero también necesitamos más respeto, más responsabilidad informativa y más voces que se levanten contra el odio.

No se puede hablar de convivencia ni de inclusión mientras se construye un relato cargado de miedo y rechazo. Las chicas y chicos extutelados necesitan que dejemos de señalarlos como culpables, para empezar a verlos como lo que son: parte de nuestra sociedad y de nuestro futuro.

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