
No todo comentario crítico es un discurso de odio, pero cuando ese comentario incita al rechazo, la exclusión o la discriminación de un colectivo vulnerable, debemos hacer sonar todas las alarmas. Y más aún si ese colectivo no tiene los medios ni la fuerza para responder. Esto ocurre muchas veces con las chicas y chicos extutelados. Son deshumanizados y señalados sin matices, dentro de estereotipos e ideas preconcebidas como “delincuentes” o “una carga para el sistema”.
Hemos sido testigos de ejemplos claros con titulares en los medios que no solo centran la atención en la condición de tutela, sino que insinúan que ese hecho violento está relacionado con ella. No se dice “un adolescente” o “un joven”, sino “menor tutelado”, construyendo así un relato que criminaliza su situación de protección. Si esa chica o chico es una persona racializada, el lenguaje agresivo y explícito aumenta, y se les vincula directamente con la inseguridad ciudadana.

El odio no siempre grita; muchas veces susurra o se lee entre líneas muy sutiles, utilizando recursos como:
Todo esto construye una narrativa que genera miedo y rechazo. Y ese miedo, como bien sabemos, tiende a propagarse.
Los titulares que estigmatizan no se quedan en los periódicos. Saltan a las redes, a las conversaciones, a los comentarios y, lo que es más grave, a las políticas públicas. Alimentan el miedo, refuerzan los prejuicios y legitiman actitudes y decisiones que perjudican la integración de estas chicas y chicos. Su realidad, ya de por sí marcada por obstáculos, se vuelve aún más dura.
Muchas veces no se les alquila una vivienda, o no se les ofrece una oportunidad laboral. El estigma se convierte en una barrera más, sumada a la falta de recursos, de una red de apoyo o a su edad.
Puedes identificar un discurso de odio si:
Frente a esto, la responsabilidad es compartida: medios de comunicación, administraciones, entidades sociales y ciudadanía. Todos tenemos el deber de denunciar, de no compartir contenido falso o sensacionalista y de fomentar un discurso alternativo basado en el respeto, la verdad y la humanidad.

En Igaxes trabajamos cada día con estas chicas y chicos. Conocemos sus nombres, sus esfuerzos y sus historias. Sabemos que hay mucho más detrás de cada uno de ellos que lo que muestran algunos medios. Son la juventud que estudia y trabaja, la que tiene que independizarse diez años antes que la media, y son, en muchos casos todavía, niñas y niños que, a pesar de todo, siguen adelante.
Necesitamos más apoyo, más políticas públicas que garanticen el acceso a la vivienda, a la educación y a la salud mental. Pero también necesitamos más respeto, más responsabilidad informativa y más voces que se levanten contra el odio.
No se puede hablar de convivencia ni de inclusión mientras se construye un relato cargado de miedo y rechazo. Las chicas y chicos extutelados necesitan que dejemos de señalarlos como culpables, para empezar a verlos como lo que son: parte de nuestra sociedad y de nuestro futuro.

Contigo podemos darles la protección y la educación que necesitan. Juntos haremos posible que sean de mayores lo que sueñan ser.