mano agarrando una tarjeta

¿Qué es un delito de odio?

El delito de odio es una realidad que afecta a miles de personas cada año. Estos van mucho más allá de una simple agresión o un insulto. Lo que los distingue de otros delitos es la motivación: la víctima es atacada no por lo que hizo, sino por lo que es.

Desde hace un tiempo, la lucha contra los delitos de odio se ha convertido en una prioridad para muchas instituciones. Las personas que los sufren (ya sea de manera reiterada o aislada) suelen experimentar miedo, ansiedad, pérdida de confianza o una sensación de vulnerabilidad. Además, estos delitos acaban generando inseguridad y dificultando la plena participación en la vida social de otras personas por compartir una misma identidad con las víctimas.

¿Qué se considera un delito de odio?

Llamamos delito de odio a un ataque contra una persona o un grupo de personas motivado por un prejuicio o una característica concreta que afecta a su identidad. En nuestro país, estos ataques se consideran en el Código Penal como una circunstancia agravante. Entre las diferentes conductas relacionadas con el discurso y la incitación al odio, se encuentran las motivadas por:

  • Nacionalidad, color de piel, origen racial o étnico.
  • Religión o creencias.
  • Sexo, identidad o expresión de género u orientación sexual.
  • Discapacidad.
  • Enfermedad.
  • Situación de exclusión social u otros factores similares recogidos en la legislación.

Esto significa que una misma agresión (ya sea física, una amenaza, un daño material o un acto de acoso) puede adquirir una mayor gravedad cuando está motivada por alguno de estos prejuicios. En resumen: si cualquier tipo de violencia va acompañada de un motivo de discriminación, estamos ante un delito de odio.

 

Juventud en situación de tutela: uno de los colectivos afectados

Las niñas, niños y adolescentes que forman parte del sistema de protección crecen arrastrando este tipo de violencia. Estereotipos y prejuicios que condicionan la forma en la que son percibidos por la sociedad. Aún hoy siguen mezclándose sus realidades con otras que no tienen nada que ver con sus circunstancias de vida. Esto les lleva, en muchas ocasiones, a ocultar ciertas partes de su identidad.

Este estigma puede traducirse en comentarios despectivos, aislamiento social, dificultades para establecer relaciones y discriminación en el acceso al empleo o a la vivienda. No todas estas situaciones constituyen jurídicamente un delito de odio, pero todas ellas tienen un impacto muy negativo en la vida de las personas afectadas y contribuyen a su exclusión.

 

¿Qué hacer si eres víctima o testigo?

Si sufres o presencias un posible delito de odio, es recomendable:

  • Poner los hechos en conocimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
  • Conservar pruebas como mensajes, fotografías, vídeos o capturas de pantalla.
  • Buscar apoyo en entidades especializadas en la atención a las víctimas.
  • No minimizar lo sucedido ni asumir que forma parte de la «normalidad».

La denuncia es fundamental para proteger a la víctima, prevenir nuevas agresiones y mejorar los procedimientos y la actuación frente a este fenómeno.